El Danubio, fuente de inspiración para numerosos artistas, separa con su inmensidad Buda y Pest, dos grandes ciudades que hoy se unen para formar una de las capitales europeas de mayor importancia. Enormes puentes unen ambas orillas acercando Buda, la antigua sede real y zona residencial más elegante, y Pest, corazón económico y comercial de la ciudad.
Piérdete por sus calles repletas de historia y descubrirás por qué Budapest es conocida como «La Perla del Danubio» y es visitada por más de 6 millones de turistas cada año.
Budapest, la ciudad más hermosa del Danubio
Con esa frase describe Budapest el escritor polaco Claudio Magris, ganador del Premio Príncipe de Asturias y viajero a lo largo de toda Europa.
Para nosotros, Budapest siempre es una grata sorpresa. Hemos leído mucho sobre la ciudad, de la teórica poca amabilidad húngara, de la necesidad de restauración de los edificios y de muchos otros temas.
Cierto es que no es una ciudad tan «de cuentos» como Praga, pero lo que nos diferencia a los viajeros de los turistas es la capacidad para ver más allá, encontrar la belleza de una ciudad detrás de las fachadas. Conocer la historia..
Una ciudad con más de 2 millones de habitantes y un idioma completamente diferente del nuestro, puede llegar a ser desesperante.
Las dos calles más importantes de Budapest
Váci Utca
Váci Utca es la calle más importante de Budapest junto con la Avenida Andrássy. Esta calle peatonal está repleta de tiendas de recuerdos, centros comerciales, restaurantes y cafeterías.
Avenida Andrássy
La Avenida Andrássy es un imponente bulevar que comunica Erzsébet ter con la Plaza de los Héroes, junto al Parque de la ciudad.
Lugares especiales
Parlamento de Budapest
El Parlamento de Budapest es el edificio más representativo de Budapest y uno de los más famosos de Europa, asimismo, es el tercer parlamento más grande del mundo por detrás del de Rumanía y el de Argentina.
Castillo de Buda
El Castillo de Buda es sin duda una de las imágenes más conocidas de Budapest junto con el Puente de las Cadenas. También recibe el nombre de Palacio Real, ya que antiguamente fue la residencia de los reyes de Hungría.
Puente de las Cadenas
El Puente de las Cadenas es el puente más antiguo de Budapest y el más conocido de todo el Danubio. Fue inaugurado en 1849 tras 20 años de obras.
Bastión de los Pescadores
El Bastión de los Pescadores es un mirador situado en la colina de Buda, al oeste del Danubio.
Ópera de Budapest
La Ópera de Budapest es uno de los edificios neo renacentistas más importantes de Hungría. Fue diseñada por Miklós Ybl y su construcción se llevó a cabo entre 1875 y 1884.
Plaza de los Héroes
La Plaza de los Héroes es una de las plazas más importantes de Budapest, sus estatuas conmemoran a los líderes de las 7 tribus fundadoras de Hungría.
Mercado Central
El Mercado Central de Budapest es el más grande de los cinco mercados que se abrieron en la ciudad a finales del siglo XIX.
Ciudadela de Budapest
La Ciudadela es el punto más alto de Budapest y desde donde se consiguen las mejores vistas. Fue construida en 1854 por los Habsburgo como edificio de vigilancia.
Sinagoga Judía
La Sinagoga Judía de Budapest es la segunda sinagoga más grande del mundo, después de la de Jerusalén. Mide 53 metros de largo por 26 de ancho y tiene asientos para 2.964 personas, 1.492 hombres y 1.472 mujeres.
Arquitectura e historia
Pese al rigor y el ostracismo al que fue sometida por la dictadura comunista, aún conserva ese aire “señorial e imponente” que le da el aspecto de “ciudad protagonista de la historia”, como dice Claudio Magris en El Danubio, aunque ya de “una Europa después del espectáculo”. No consiguieron imponerle el “color gris del comunismo” que impregnó a buena parte de Europa del este, como recuerda el escritor Péter Esterházy. No perdió, al menos del todo, la vitalidad tanto de sus teatros y óperas como de su alegre vida nocturna, ya famosa en el imperio austrohúngaro, lo que le permitió seguir siendo comparada con París o Viena.

Con o sin rumbo fijo, lo más aconsejable es dejarse llevar por sus calles y plazas. A cada paso nos sorprenderá la belleza de algún edificio barroco, neoclásico o modernista. Descubriremos acogedores cafés y restaurantes decimonónicos donde degustar un goulash o pollo al paprika con galuska, una copa de tokay o pálinka y una tarta Dobos.
El Danubio, no muy azul, “turbio, sabio y grande”, en palabras del poeta Attila József, divide y une a la vez a una ciudad que hasta 1873 fueron dos, Buda y Pest. Situada en un lugar privilegiado, fue objeto de continuas invasiones a lo largo de la historia. Fue celta y romana, otomana y austrohúngara, musulmana y cristiana con una importante presencia judía. Ha vivido momentos de esplendor a caballo de los siglos XIX y XX. También de destrucción varias veces: las últimas en los combates de 1945 y, en parte, durante la invasión soviética de 1956 tras intentar el gobierno de Imre Nagy un “socialismo en libertad”.
Las caminatas requieren descansos, y qué mejor que en sus tradicionales cafés de pasados imperiales, que fueron y son aún lugar de encuentro de escritores y artistas. Sándor Márai decía que “sin cafés no hay literatura”. Cafés como el Ruszwurm, en Buda, que destaca por su pastelería; al igual que el mítico y coqueto Gerbeaud, en Pest. De obligada visita es el espectacular y neobarroco New York, convertido en almacén durante la dictadura comunista; sin olvidar los Central, Eckermann, Astoria —testigo de no pocos episodios históricos—, Luckács, Múvész, o el neorrenacentista de la librería Alexandra.

Piscinas y saunas, balnearios.

Más de 56 millones de litros de agua brotan cada día a borbotones de los 118 manantiales y perforaciones de Budapest. Los balnearios de la ciudad ofrecen un surtido sorprendente de baños, desde las aguas cristalinas del balneario Gellert hasta el enorme balneario neobarroco Szechenyi de 1913, sin olvidar el Rudas, un espectacular baño turco del siglo XVI de arquitectura otomana original. Budapest es la ciudad balnearia de Europa.
Los romanos fueron los primeros en explotar sus baños y los turcos los que los convirtieron en hábito, sobreviviendo a los rigores del comunismo. Aunque son un reclamo turístico, los utilizan también los húngaros para remediar afecciones reumáticas y musculares. Los hay a cual más atractivo y pintoresco, de origen otomano o del periodo austrohúngaro, con saunas y piscinas de distintas temperaturas. Los baños Széchenyi son uno de los más grandes. Con su arquitectura neobarroca, uno tiene la sensación de estarse bañando en un palacio. Tiene 15 piscinas, 3 grandes al aire libre en las que llama la atención ver a la gente jugando al ajedrez dentro del agua, incluso en invierno, cuando todo está nevado.
No tienen nada que envidiarle otros baños, de origen turco, como los Rác, Király, Császár/Lukács —donde se reunían los opositores en la época comunista— y, sobre todo, Rudas, de 1566, con su cúpula otomana con vidrieras de distintos colores que iluminan con haces multicolores la piscina octogonal central. Tampoco los baños del hotel Géllert, frente al monte homónimo, estos de los últimos tiempos del periodo austrohúngaro. Son quizá los más famosos, con su piscina central rodeada de columnas de estilo secesión bajo una magnífica cúpula de vidrio y metal, y una piscina exterior con olas que hace las delicias de los más pequeños.